Fernando Sánchez-Dragó

«Hace ya casi cuatro años tuve un golpe de suerte: la Clínica Neolife se cruzó en mi vida. Nunca mejor dicho, porque ésta, a partir de ese momento, mejoró, y sigue haciéndolo. Me sometí entonces a un chequeo minucioso, que no dejó ningún rincón de mi cuerpo por revisar, y modifiqué, siguiendo los parámetros de esa prospección, los ingredientes y las dosis de mi archiconocido elixir de eterna juventud (véase al respecto mi libro Shangri-La, Planeta, en el que lo cuento todo). Decir que Neolife es una clínica de antienvejecimiento equivale a quedarse corto. Lo es, sin duda, pero yo añadiría que además lo es de rejuvenecimiento. A las pruebas me remito. Los telómeros son el único indicador exacto de la edad biológica que la ciencia médica tiene hoy a su disposición. Su longitud, su estado y su evolución son los principales sumandos de esa medición. Los míos han mejorado notablemente desde que confié mi salud a los profesionales de Neolife. Me he quitado unos cuantos años de encima. Bastantes, a decir verdad. Navego hoy hacia las fuentes en vez de hacerlo hacia la desembocadura. ¿Milagro? No. Ciencia: la de la búsqueda del bienestar».

Fernando Sánchez-Dragó
Escritor
Publicado: 11 de abril de 2018