Quizás no sepan que en España entre un tercio y casi la mitad de los adultos tienen hipertensión. Esto significa que entre 1 y 2 de cada 4 personas sufre de presión alta, aunque no siempre lo sepan.
Y quizás, tampoco conozcan o no sean conscientes, de que al igual que la diabetes mellitus, la hipertensión arterial (HTA) es uno de los principales “asesinos silenciosos” que afectan a nuestra sociedad. Muchas veces no dan síntomas, pero poco a poco va dañando nuestros vasos sanguíneos y nuestros órganos internos, aumentando el riesgo de complicaciones graves y potencialmente mortales. Cada milímetro de mercurio (unidades en las que medimos la presión arterial) que se controla es tiempo ganado y salud preservada, ¿se anima a conocer porque esto es así?
Dra. Minguito – Equipo Médico Neolife
Factores de riesgo.
En la parte 1 de este artículo hablamos sobre qué es la hipertensión y sus consecuencias. En esta segunda parte vamos a ver los factores de riesgo y el tratamiento farmacológico.
Existen unos factores de riesgo que debemos considerar para el desarrollo de la hipertensión arterial, algunos de ellos no los podemos cambiar pero otros sí que están en nuestra mano.
1. FACTORES DE RIESGO NO MODIFICABLES
- Edad
La presión arterial tiende a aumentar con la edad porque los vasos sanguíneos pierden elasticidad con el tiempo, los cambios hormonales afectan al equilibrio de líquidos y sales, y además se acumulan las consecuencias de hábitos no saludables a lo largo de la vida. Mientras que aproximadamente el 5-10% de las mujeres de entre 20 y 44 años tienen hipertensión, la prevalencia se dispara al 85% en las mujeres de 75 años o más (cifras comparables para los hombres: 10-15% y 80%, respectivamente).

- Raza
La presión arterial alta afecta a personas de todas las razas, pero los afroamericanos tienen un riesgo significativamente mayor de padecer hipertensión, incluso las mujeres afroamericanas tienen tasas más altas que los hombres de otros grupos. Por eso, los afroamericanos deberían empezar a vigilar su presión arterial y cuidar sus hábitos desde jóvenes. Otros grupos tienen riesgos similares entre sí, aunque las mujeres asiáticas suelen tener menos riesgo. A pesar de esto, las personas hispanas y asiáticas que sí tienen hipertensión muchas veces no saben que la padecen ni reciben tratamiento, lo que muestra la importancia de que todos controlen su presión arterial.
- Historial familiar y genética.
Tener padres o familiares cercanos con hipertensión aumenta tu riesgo, porque alrededor del 50% de la variación de la presión arterial es hereditaria. Existen más de 800 variantes genéticas que influyen en la presión, aunque cada una aporta un efecto muy pequeño; sin embargo, su suma puede acelerar la aparición de hipertensión con la edad. Por eso, una predisposición genética requiere controles frecuentes y conocer la historia familiar. Aun así, los hábitos de vida saludables pueden compensar gran parte de ese riesgo.
2. FACTORES DE RIESGO MODIFICABLES
Las modificaciones del estilo de vida suelen ofrecer formas eficaces y no farmacológicas de controlar o reducir la presión arterial, muchas veces con resultados comparables a los medicamentos. Una gran proporción de los casos de hipertensión debe a una dieta poco saludable (y al factor de riesgo asociado de la obesidad), a la falta de ejercicio y al consumo excesivo de alcohol, o a alguna combinación de estos factores.
- Obesidad
Una de las modificaciones del estilo de vida más eficaces para controlar la presión arterial es la pérdida de peso. El exceso de peso corporal sobrecarga al corazón y favorece la resistencia a la insulina, factores que contribuyen al aumento de la presión arterial. Las investigaciones muestran una relación directa y constante entre el índice de masa corporal (IMC) y la hipertensión, y estudios a gran escala han encontrado que la obesidad podría causar entre el 40% y el 78% de los casos de hipertensión.
Una pérdida de peso modesta puede aportar beneficios significativos en la reducción de la presión arterial, como indica un metaanálisis de 2003 que reunió 25 ensayos clínicos aleatorizados en adultos con IMC en rangos de sobrepeso u obesidad. El análisis concluyó que, por cada kilogramo de peso perdido, la presión sistólica disminuyó aproximadamente 1 mmHg y la diastólica 0,92 mmHg.
La pérdida de peso puede lograrse mediante restricción calórica, ayuno intermitente o cambios dietéticos, y el mejor enfoque dependerá de lo que resulte más sostenible para cada uno.

- Sal (sodio) en la dieta
La relación entre sodio en la dieta, riesgo de hipertensión y salud general es compleja. Algunas personas y grupos son más sensibles al efecto de la sal sobre la presión arterial, por lo que un aumento en el consumo de sodio provoca un incremento mayor de presión en estos casos. Entre los más sensibles están los afroamericanos, personas mayores, los diabéticos, pacientes con enfermedad renal crónica o hipertensión previa; estos grupos deberían reducir especialmente su consumo. a unos 2.000 mg o menos. Aunque algunas organizaciones como la Asociación Americana del Corazón recomiendan un límite aún menor (1.500 mg/día), es importante saber que ingerir muy poco sodio también puede causar problemas. Estudios han mostrado que el consumo de sodio se asocia a mayor esperanza de vida y menor riesgo de mortalidad total, posiblemente porque una restricción excesiva trae complicaciones como dolores de cabeza, cambios en el estado mental, letargo, calambres, náuseas, deshidratación y presión arterial excesivamente baja, lo que puede aumentar el riesgo de caídas y lesiones en personas mayores. Por eso, para quienes tienen bajo riesgo de hipertensión relacionada con la sal, se recomienda reducir el sodio de forma moderada, y reducirlo más agresivamente en quienes son más sensibles.
Además de reducir el sodio, aumentar el potasio —un mineral vital para músculos, riñones y relajación de vasos sanguíneos— puede ayudar a bajar la presión arterial. En adultos hipertensos, el consumo de potasio puede reducir la presión sistólica y diastólica de 3-6 mmHg y 1-4 mmHg respectivamente. El potasio ayuda a eliminar el sodio; por eso, estos efectos beneficiosos se ven sobre todo en personas con alto consumo de sal y en quienes tienen niveles bajos de potasio al inicio. De hecho, la proporción sodio/potasio parece ser más relevante que la cantidad absoluta de cada uno para regular la presión. Consumir alimentos ricos en potasio, como plátanos, patatas y legumbres, es aconsejable, especialmente para quienes consumen mucha sal.
- Ejercicio y presión arterial
El ejercicio aeróbico ha demostrado ser altamente efectivo. Un metaanálisis de ensayos clínicos de al menos cuatro semanas encontró que este tipo de entrenamiento puede reducir la presión sistólica hasta 8 mmHg y la diastólica al menos 5 mmHg. La clave está en hacer entre 90 y 150 minutos semanales de ejercicio al 65-75% de la frecuencia cardíaca máxima, lo que corresponde a la llamada “zona 2”. Desde Neolife recomendamos al menos 3 horas a la semana.
- Entrenamiento de resistencia dinámica
Respecto al entrenamiento de fuerza, aunque aumenta transitoriamente la presión durante su ejecución, a largo plazo reduce la presión sistólica en unos 2 mmHg y la diastólica en 3 mmHg. Esto se logra con entrenamientos de 90 a 150 minutos semanales usando pesos que varían entre el 50% y el 100% del máximo.
- Entrenamiento de resistencia isométrica (sin pesas)
Este tipo de ejercicio ha mostrado aún mayor reducción en la presión sistólica —unos 6 mmHg— y 3 mmHg en la diastólica, siendo sorprendentemente efectivo a pesar de su baja intensidad aparente.
- Alcohol
La evidencia actual muestra que el alcohol aumenta la presión arterial de manera directa y proporcional a la cantidad consumida. Estudios genéticos (aleatorización mendeliana) confirman que incluso pequeñas cantidades elevan el riesgo: cada bebida diaria adicional aumenta un 30% la probabilidad de hipertensión, y en grandes bebedores ese riesgo puede subir hasta un 160%. Esto demuestra que no existe un nivel “seguro” de consumo para la presión arterial. La buena noticia es que reducir o dejar el alcohol disminuye significativamente ese riesgo y mejora la salud cardiovascular, incluso en personas que han bebido mucho previamente.

3. OTROS FACTORES
- Sueño
Dormir mal —ya sea por dormir muy poco, demasiado o por trastornos como insomnio, ronquidos o apnea— se asocia con un mayor riesgo de hipertensión. La evidencia muestra una relación en forma de “U”: el riesgo aumenta con menos de 7 horas y con más de 9 horas de sueño. Aunque los estudios son observacionales, existen mecanismos que apoyan una relación causal. Por eso, optimizar la calidad del sueño es fundamental: se estima que hasta la mitad de los casos de hipertensión podrían gestionarse sin necesidad de medicación, solo con cambios en el estilo de vida.
- Estrés
El estrés crónico es un importante factor en la hipertensión y es difícil de controlar. El estrés eleva la presión arterial por medio de hormonas como el cortisol, que aumentan el ritmo cardíaco y contraen los vasos sanguíneos. Además, mecanismos poco saludables para afrontar el estrés (comer en exceso, fumar o beber alcohol) pueden empeorar su efecto sobre la presión arterial. Para reducir el estrés se recomienda mindfulness, meditación, respiración profunda y actividad física. Se ha visto que técnicas de relajación y biofeedback pueden ayudar a bajar modestamente la presión arterial en ciertos pacientes.
- Cafeína
La cafeína puede elevar la presión arterial, sobre todo en quienes no la consumen de forma habitual, aunque este aumento es temporal. Un estudio mostró que la presión sistólica y diastólica aumentan tras ingerir cafeína, pero si se consume de manera regular ese efecto no se mantiene y no altera la función cardíaca. Otro estudio pequeño vio que solo sube la presión en personas que no suelen consumir cafeína. Por tanto, el consumo regular de cafeína no parece ser causa de hipertensión, aunque quienes no están acostumbrados deben saber que un aumento brusco puede causar picos de presión. A pesar de estos efectos agudos, la evidencia muestra que tomar cafeína de forma habitual no eleva la presión crónicamente ni aumenta el riesgo de hipertensión.

- Resistencia a la insulina
La resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2, por la resistencia a la insulina que confiere, tienen un impacto significativo en la presión arterial. Una de las formas en que esto sucede es reduciendo la biodisponibilidad del óxido nítrico, una molécula clave que actúa a nivel local en los vasos sanguíneos para promover la vasodilatación. Cuando hay menos óxido nítrico disponible, la capacidad de los vasos para relajarse y reducir la presión arterial disminuye.
Tratamiento farmacológico.
Como hemos dicho, el control de la hipertensión arterial es un pilar fundamental para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular, ictus y daño renal. En la mayoría de los casos, el abordaje inicial se basa en modificaciones del estilo de vida—como mejorar la dieta, aumentar la actividad física, reducir el consumo de alcohol y mantener un peso saludable—las cuales pueden lograr descensos significativos de la presión arterial. Sin embargo, cuando estas medidas no son suficientes para alcanzar las cifras objetivo, o cuando la presión arterial es elevada desde el inicio, se hace necesario recurrir al tratamiento farmacológico.
El uso de fármacos antihipertensivos debe ser siempre valorado y prescrito por un médico, quien seleccionará el tratamiento más adecuado según las características del paciente, sus factores de riesgo y la presencia de otras enfermedades. A continuación, presentamos de manera resumida las principales dianas terapéuticas disponibles para el control de la hipertensión y los grupos farmacológicos que actúan sobre ellas, con el objetivo de comprender mejor cómo funcionan y en qué situaciones pueden ser más útiles.
Actualmente se reconocen cuatro clases principales de medicamentos de primera línea para la hipertensión:
- Diuréticos tiazídicos.
- Bloqueadores de los canales de calcio.
- Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA)
- Bloqueadores del receptor de angiotensina II (ARA-II)
Todos ellos ofrecen una reducción promedio de 12 a 15 mmHg en presión sistólica y de 9 a 11 mmHg en la diastólica.

Los inhibidores de la ECA, por ejemplo, pueden llegar a reducir la presión hasta 12.5/9.5 mmHg. Se recomienda iniciar el tratamiento con la mitad de la dosis máxima, para evitar efectos adversos. Por su parte, los ARA-II tienen una eficacia similar, pero con menos efectos secundarios. En muchos casos, se consideran incluso superiores, aunque los IECA son más económicos porque llevan más tiempo en el mercado.
Cuando los IECA provocan tos —un efecto secundario común—, se puede cambiar fácilmente a un ARA-II. Los diuréticos tiazídicos y los bloqueadores de los canales de calcio también son efectivos, con una reducción de hasta 15/10 mmHg, pero suelen presentar más efectos adversos. Por esa razón, solemos utilizarlos como tratamiento complementario, una vez que se ha optimizado el uso de IECA o ARA-II, aunque por supuesto, la indicación de la terapia debe ser personalizada.
Ahora bien, ¿hay factores que puedan determinar qué medicamento es mejor para una persona en particular? Sí, la elección óptima de medicación es individual para cada paciente, influyen la presencia de enfermedades asociadas y la tolerancia a los posibles efectos secundarios. Por ejemplo, la mayoría de los bloqueadores de canales de calcio están contraindicados en la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida, y los diuréticos tiazídicos suelen considerarse menos apropiados para pacientes con diabetes o prediabetes, porque pueden empeorar alteraciones metabólicas. Los IECA y ARA II están contraindicados en el embarazo, aunque por lo general se asocian con menos efectos adversos que los bloqueadores de los canales de calcio y los diuréticos tiazídicos.
Resumen
Es importante destacar que, aunque los fármacos suelen ser más efectivos que cualquier intervención aislada sobre el estilo de vida, el resultado combinado de todas las mejoras en el estilo de vida puede igualar los beneficios de la medicación.
Desde Neolife creemos que el manejo de la presión arterial es uno de los pilares más importantes para la longevidad. Quizás no se vea tan glamuroso como tomar los últimos tratamientos en antiaging, pero es uno de los enfoques más efectivos y probados en medicina preventiva para prevenir la morbimortalidad.
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