Quizás no sepan que en España entre un tercio y casi la mitad de los adultos tienen hipertensión. Esto significa que entre 1 y 2 de cada 4 personas sufre de presión alta, aunque no siempre lo sepan.
Y quizás, tampoco conozcan o no sean conscientes, de que al igual que la diabetes mellitus, la hipertensión arterial (HTA) es uno de los principales “asesinos silenciosos” que afectan a nuestra sociedad. Muchas veces no dan síntomas, pero poco a poco va dañando nuestros vasos sanguíneos y nuestros órganos internos, aumentando el riesgo de complicaciones graves y potencialmente mortales. Cada milímetro de mercurio (unidades en las que medimos la presión arterial) que se controla es tiempo ganado y salud preservada, ¿se anima a conocer porque esto es así?
Dra. Minguito – Equipo Médico Neolife
¿Qué es la hipertensión arterial?
La hipertensión arterial es unos de los principales riesgos cardiovasculares de nuestra sociedad. Desde Neolife queremos darles una perspectiva para que entiendan qué es y por qué es tan importante tenerla bien controlada así como lo que supone su mal control. Aquí va un spoiler: si le importa su cerebro, su corazón y sus riñones, necesita una presión arterial baja.
Cuando hablamos de presión arterial, nos referimos a la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias mientras el corazón late. Todos hemos oído, cuando vamos al médico, dos mediciones: la “alta” y la “baja”, pero ¿a qué nos referimos realmente con cada una?

El ciclo cardíaco tiene dos fases principales: la sístole y la diástole. En la sístole, los ventrículos del corazón, que son las cámaras inferiores, se contraen para expulsar la sangre. El ventrículo izquierdo es especialmente importante en este proceso, ya que es más musculoso que el derecho, y su función es bombear la sangre hacia todo el cuerpo, superando la resistencia del sistema circulatorio periférico. Cabe mencionar que, en esta explicación, nos estamos refiriendo a la circulación sistémica o periférica, es decir, la que irriga el cuerpo en general, y no a la presión pulmonar, que es una medición distinta. La presión arterial, que comúnmente se reporta como “120 sobre 80”, por ejemplo, se refiere a la presión en la circulación periférica. La presión en los pulmones, que es controlada fundamentalmente por el ventrículo derecho, es considerablemente más baja.
Durante la sístole, el ventrículo izquierdo se contrae y empuja la sangre hacia fuera del corazón a través de la válvula aórtica, entrando en la aorta (la gran arteria que sale del corazón) y se distribuye rápidamente por todo el cuerpo. En esta fase, la sangre ejerce presión contra las paredes arteriales, lo que constituye la presión sistólica (la tensión “alta”).
La segunda fase del ciclo es la diástole, que es igualmente importante. En este momento, el corazón se relaja después de haber expulsado la sangre, permitiendo que las cámaras ventriculares se llenen nuevamente desde las aurículas. Es en esta fase cuando el propio corazón recibe su riego sanguíneo a través de las arterias coronarias. Aunque la presión arterial es más baja durante la diástole, sigue habiendo una presión constante o tónica dentro de las arterias (presión diástolica, la tensión “baja”).
¿Qué significa tener la presión arterial alta y por qué es tan importante mantenerla en niveles óptimos?
Desde 2017, las guías han cambiado, tras la publicación del ensayo clínico SPRINT (Systolic Blood Pressure Intervention Trial) en 2015. Las recomendaciones actuales, en vigor desde hace aproximadamente seis años, establecen lo siguiente:
Clasificación de la presión arterial (según guías actuales)


Por ejemplo, una persona con presión de 120/83 mmHg ya entraría en la categoría de hipertensión etapa 1, aunque su presión sistólica aún esté dentro del rango normal.
¿De dónde provienen estos valores?: el ensayo SPRINT (2015)

El objetivo de este estudio fue evaluar los beneficios del control intensivo de la presión arterial. Para ello, se incluyó a cerca de 10.000 personas con presión sistólica igual o superior a 130 mmHg y con alto riesgo cardiovascular, aunque sin diabetes tipo 2. Esta población se seleccionó específicamente porque se preveía una mayor probabilidad de eventos cardiovasculares en un período corto, lo que facilitaba evaluar los resultados clínicos.
Los participantes se dividieron aleatoriamente en dos grupos:
- Tratamiento intensivo: el objetivo era mantener una presión sistólica por debajo de 120 mmHg.
- Tratamiento estándar: se trataba a los pacientes para alcanzar una presión sistólica por debajo de 140 mmHg.
Al inicio del estudio, la presión arterial media de los participantes era aproximadamente 140/78 mmHg. Los resultados del estudio de la presión sistólica promedio, fueron tras un año de tratamiento, de 121.4 mmHg en el grupo intensivo y de 136.2 mmHg en el grupo estándar
Lo más interesante del estudio es que fue interrumpido antes de lo previsto, debido a los beneficios clínicos contundentes observados en el grupo intensivo. El hallazgo más llamativo fue la reducción en la mortalidad por todas las causas, incluyendo no solo causas cardiovasculares, sino también enfermedades renales, accidentes, suicidios e incluso homicidios. Este beneficio fue inesperado y sorprendió a muchos expertos.
Este estudio fue uno de los más contundentes en demostrar que controlar de forma intensiva la presión arterial sistólica por debajo de 120 mmHg puede salvar vidas y reducir eventos cardiovasculares, incluso en un plazo relativamente corto.
El estudio también nos recuerda que condiciones como la hipertensión, el tabaquismo y los niveles elevados de apoB (un marcador de colesterol aterogénico) acumulan daño con el tiempo: La hipertensión daña mecánicamente el endotelio vascular, el tabaquismo produce un daño químico al mismo tejido y el colesterol LDL (que contiene apoB) se infiltra a través del endotelio dañado, iniciando la cascada aterosclerótica. Por eso, reducir precozmente TODOS estos factores de riesgo tiene un efecto acumulativo enorme a lo largo del tiempo.
Años después en 2021, el estudio STEP en china volvía a demostrar que el control estricto de la tensión arterial disminuye los eventos cardiovasculares y la mortalidad cardiovascular.
Quizás aun oigamos o tengamos la creencia antigua de que tener una tensión arterial de 140/90 está bien, pero después de todos estos datos esperamos haberles abierto los ojos y ver que NO es así, hay que cambiar el chip y realizar un control intensivo con un objetivo de control TAS 120/80.
Y es que ya desde los años 60, con los primeros datos del estudio Framingham Heart Study, se conocen los efectos perjudiciales de la presión arterial elevada (en aquella época, se consideraba hipertensión cualquier valor superior a 140/90 mmHg). Reducir la presión desde cifras superiores a ese umbral ya mostraba beneficios claros.
Más recientemente, otros metaanálisis han confirmado estos hallazgos. En personas entre 40 y 70 años, por cada aumento de 20 mmHg en la presión sistólica o 10 mmHg en la diastólica, se duplica el riesgo de muerte por infarto, ACV o enfermedades vasculares. Esto no se refiere solo a mayor incidencia de enfermedad, sino a mayor probabilidad de muerte. Por ejemplo, tener una presión de 140/90 en lugar de 120/80 duplica el riesgo de muerte vascular.
Otros órganos afectados
Y no solo el corazón es sensible a la HTA. El cerebro es particularmente vulnerable a la presión arterial alta ya que ambos dependen de una buena perfusión en vasos pequeños. La hipertensión es una fuerza mecánica que daña estos vasos, y por eso aumenta el riesgo de ACV y demencia.
El ensayo SPRINT-MIND, una rama del SPRINT centrada en deterioro cognitivo evaluó si el tratamiento intensivo podía prevenir la demencia. Con más de 9.000 participantes, los resultados fueron una reducción absoluta del riesgo de demencia en un 0.6 % y una reducción relativa: 16%. Por tanto, controlar la presión arterial protege al cerebro.
Los riñones son otro órgano extremadamente sensible a la presión elevada. A pesar de representar solo 1–2% del peso corporal, reciben entre 20–25% del gasto cardíaco (que es la cantidad de sangre que el corazón bombea cada minuto para llevar oxígeno y nutrientes a todo el cuerpo). Eso implica una red vascular altamente especializada y vulnerable. La hipertensión acelera el deterioro de la tasa de filtración glomerular (GFR), disminuyendo la función renal. La situación empeora si también hay glucosa elevada, una combinación común, por ejemplo, en el síndrome metabólico (que incluye hipertensión eresistencia a la insulina). Esto lleva a una caída progresiva y peligrosa de la función renal, a menudo sin ser detectada si solo se mide la creatinina. Por eso, en Neolife, ante la sospecha de deterioro de la función renal usamos cistatina C, que es un marcador más sensible.
El mensaje principal de estos estudios es que reducir la presión arterial – incluso en personas ya diagnosticadas con hipertensión – puede reducir significativamente el riesgo de enfermedades cardíacas, accidente cerebrovascular y otras afecciones graves de salud. Aunque lo ideal es prevenir la elevación de la presión arterial desde un principio, los resultados de estos ensayos demuestran que reducir la presión arterial después de que ya ha superado los rangos óptimos ofrece enormes beneficios para la salud cardiovascular.
Ojo: presión arterial baja, pero no demasiado.
Aunque la presión alta es peligrosa, una presión demasiado baja también puede causar problemas, aunque en este caso los síntomas son más importantes que los números. Técnicamente, se considera presión baja por debajo de 90/60 mmHg, pero lo que importa es cómo se siente la persona.
Síntomas comunes de presión baja incluyen mareo, aturdimiento, náuseas, desmayos o síncopes, deshidratación o sed excesiva, falta de concentración, visión borrosa, piel fría y pálida, respiración rápida y superficial, fatiga…
No todas las personas con presión baja tienen síntomas. Algunas pueden vivir sin molestias con presiones como 100/70 mmHg, mientras que otras no toleran bien ese nivel, especialmente si han bajado de peso o están tomando medicación antihipertensiva.
Por eso, el manejo de la presión arterial requiere un enfoque personalizado. Al perder peso, hacer ejercicio o cambiar otros factores, la presión puede descender naturalmente, y los medicamentos deben ajustarse con cuidado para evitar efectos adversos como desmayos o pérdida de equilibrio.

Variaciones de la TA a lo largo del día y con el ejercicio.
A lo largo del día, la presión arterial fluctúa de forma natural. Una observación clave es que, durante la noche, debería disminuir entre un 10% y un 20% en comparación con los valores diurnos. Esto se debe, en parte, a la posición horizontal del cuerpo mientras dormimos, lo que reduce el esfuerzo que el corazón necesita hacer para enviar sangre al cerebro. Además, durante la noche debería disminuir el tono simpático (el sistema de “alerta”) y aumentar el tono parasimpático, especialmente el vago, lo que favorece la relajación. Al realizar monitoreos continuos de la presión arterial se busca precisamente esa reducción nocturna como un marcador de salud cardiovascular.
El estrés también juega un papel importante. Eventos estresantes transitorios pueden elevar significativamente la presión arterial. Dejar sin control el exceso de cortisol (hipercortisolemia) es tan perjudicial como la hipertensión persistente.
Es completamente normal que la presión sistólica aumente durante el ejercicio, porque el corazón necesita bombear más sangre para llevar oxígeno a los músculos. En cambio, la presión diastólica suele mantenerse estable o bajar ligeramente. Esto ocurre porque, durante el ejercicio, los vasos sanguíneos de los músculos se dilatan (vasodilatación), lo que reduce la resistencia en la circulación. Gracias a este mecanismo, el ejercicio actúa como un regulador natural de la tensión arterial: mejora la elasticidad de las arterias, reduce la resistencia vascular y con el tiempo ayuda a controlar la presión en reposo.
Hipertensión primaria vs. hipertensión secundaria
Otra cosa que deben de conocer es que la hipertensión puede ser debida a una causa y se llama hipertensión secundaria. Es aquella causada por una condición médica subyacente que, potencialmente, se puede corregir. Se estima que un 10% de los casos de hipertensión tienen una causa secundaria, por lo que es importante no asumir que toda hipertensión es “esencial” o primaria.
Hay señales que pueden indicar que se trata de una hipertensión secundaria, por ejemplo, cuando no responde a los medicamentos, si deja de responder a tratamientos previamente efectivos, si la presión es extremadamente alta (por encima de 180 mmHg) o si aparece de manera repentina. También es sospechoso si alguien joven, sin antecedentes familiares ni factores de riesgo, presenta presión alta.
Otras causas secundarias que no se deben pasar por alto incluyen enfermedades renales, estenosis de la arteria renal, trastornos tiroideos, apnea del sueño y el hiperaldosteronismo (que puede deberse al uso prolongado de corticoides o a problemas en la glándula suprarrenal) entre otros.
Desde Neolife creemos que manejo de la presión arterial es uno de los pilares más importantes para la longevidad. Quizás no se vea tan glamuroso como tomar los últimos tratamientos en anti-aging, pero es uno de los enfoques más efectivos y probados en medicina preventiva para prevenir la morbimortalidad.
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