ENVEJECIMIENTO Y LONGEVIDAD

ESTILOS DE VIDA

EJERCICIO

NUTRICIÓN

SUPLEMENTACIÓN NUTRICIONAL

EQUILIBRIO HORMONAL

BIOMARCADORES

Artículos científicos

Velázquez, 14
28001 – Madrid
+34 91 732 59 50
Calvario, 6
29601 – Marbella (Málaga)
+34 95 130 44 88

Equilibrio metabólico y hormonal

En el año 2002 se produjo un antes y un después de la terapia hormonal sustitutiva en mujeres post-menopáusicas. En aquel entonces la alarma producida por la publicación de los resultados iniciales del famoso WHI (Women´s Health Initiative) tanto en el entorno científico como en los medios de comunicación en general, desembocó en una masiva retirada de la terapia hormonal sustitutiva en las mujeres post-menopáusicas en todo el mundo. Desde hace bastantes años la comunidad científica ha puesto en duda la interpretación de aquellos resultados y la alarma producida de forma injustificada. En este artículo los autores revisan el estado de la ciencia en lo relativo a este tema en 2013 y revelan que la terapia hormonal sustitutiva adecuadamente prescrita en las mujeres post-menopáusicas más jóvenes aporta un balance riesgo/beneficio muy beneficioso, exactamente lo mismo que se pensaba antes del 2002. Así mismo argumentan que la mala interpretación de los resultados del WHI en 2002 ha provocado que durante 10 años millones de mujeres post-menopáusicas no solo no se hayan beneficiado de la terapia hormonal sustitutiva sino que han empeorado su salud y calidad de vida (mayor incidencia de enfermedad cardiovascular, trombosis, demencia, cáncer de mama, fracturas óseas por osteoporosis, divorcios, muerte…). La terapia de reemplazo hormonal es uno de los pilares principales de los Programas Neolife de Age Management.

El objetivo de este estudio es determinar si existe una correlación entre la normalización de los niveles de testosterona mediante la terapia de reemplazo hormonal en hombres sin antecedentes de infarto de miocardio e ictus y la incidencia de enfermedades cardiovasculares y otras causas de mortalidad. Se trata de un meta-analisis que analiza de forma retrospectiva a 83.100 hombres adultos con valores conocidos de sus niveles plasmáticos de testosterona total. Se subdividieron en 3 grupos. El primer grupo correspondió a 43.931 hombres de 66 años de edad media en tratamiento con testosterona durante 6,2 años de media y que lograron normalizar su valores plasmáticos. El segundo grupo correspondió a 25.701 hombres de 66 años de edad en tratamiento con testosterona durante unos 4,6 años de media pero que no logró normalizar sus valores y el tercer grupo fue de 13.378 hombres de 66 años de media sin tratamiento con testosterona y que fueron vigilados durante 4,7 años. El grupo 1 tuvo una incidencia significativamente inferior al grupo 3 tanto de infarto de miocardio como de apoplejía y de cualquier orara causa de mortalidad. Igualmente el grupo 1 tuvo un incidencia significativamente inferior al grupo 2 de infarto de miocardio y apoplejía. Entre el grupo 2 y el grupo 3 no hubo diferencias significativas en la incidencia de infarto o apoplejía. Los autores concluyen que la normalización de los valores de testosterona en hombres sin antecedentes de enfermedad cardiovascular con niveles previos bajos tiene un efecto preventivo.

Puede acceder al artículo original pulsando en el siguiente link.

Los representantes de la FDA (Food and Drug Administration) autores de este artículo animan a las empresas farmacéuticas productoras de testosterona a trabajar conjuntamente en un mismo ensayo clínico para clarificar el efecto de la testosterona a nivel cardiovascular. El incremento exponencial de pacientes usando testosterona por el hipogonadismo relacionado con el envejecimiento, muchos de ellos sin una valoración previa de sus niveles plasmáticos y los resultados contradictorios en algunos meta-análisis son los motivos principales para esta declaración.

Puede acceder al artículo original pulsando en el siguiente link.

Se conoce la relación entre la depresión y el riesgo a desarrollar una demencia pero no los mecanismos que están involucrados en esta relación. Por otro lado se sabe que las personas con depresión presentan unos niveles matutinos altos de cortisol (hormona de estrés). El objetivo de este estudio es valorar la relación entre los niveles matutinos y vespertinos de cortisol en saliva (y su efecto) con el volumen cerebral y la función neurocognitiva en personas mayores sin demencia. Para ello se estudiaron 4.244 personas de 76 años de media a los que se les realizó una resonancia magnética cerebral, una batería de test neurocognitivos y una determinación de cortisol salival matutino y vespertino. Los valores más altos de cortisol vespertino se relacionaron con un menor volumen cerebral y una peor función cognitiva. Lo que no se sabe es si los niveles altos de cortisol producen la pérdida de masa cerebral o si la pérdida de masa cerebral debida al envejecimiento es la causante de unos niveles altos de cortisol vespertino. De cualquier manera los autores manifiestan que aunque este estudio no tiene una aplicación clínica directa, el estrés debe tratares en la medida de lo posible para disminuir los niveles de cortisol y por tanto probablemente conseguir cierto grado de neuroprotección.

Puede acceder al artículo original pulsando en el siguiente link.

Se trata de un ensayo clínico aleatorio, controlado y doble ciego cuyo objetivo es determinar el efecto de la administración de testosterona en hombres ancianos con bajos niveles de testosterona en la progresión de su arteriosclerosis subclínica. Se estudiaron 308 hombres de más de 60 años con valores plasmáticos bajos de testosterona total.
Es conocido que los síntomas vasomotores de la menopausia como los sofocos y los sudores nocturnos se asocian al índice de masa corporal, la etnia-raza, la ansiedad, la depresión, el tabaquismo y el bajo nivel educacional, pero hasta el momento nadie había encontrado una base genética para esta sintomatología. En el presente estudio los autores han descubierto una fuerte correlación entre la probabilidad de padecer los síntomas vasomotores de la menopausia y una variación genética (SNPs) en el locus del receptor 3 de la tachykinina (TACR3), en el cromosoma 4. Este estudio se ha realizado sobre las muestras recogidas de 17.695 mujeres de entre 50 y 79 años, en 40 centros de salud de los EEUU, que no hubieran sido tratadas con terapia hormonal, para evitar el enmascaramiento de los síntomas por el tratamiento. Por un lado, se determinó, mediante un cuestionario, que el 63% de las mujeres estudiadas presentaban síntomas vasomotores. Por otro lado, se analizaron más de 11 millones de SNPs y se llegó a la conclusión que 14 de ellos están significativamente asociados a los síntomas vasomotores de la menopausia. Todos estos polimorfismos se localizaron en el gen TACR3 del cromosoma 4. Esta base genética para sufrir los síntomas vasomotores de la menopausia es independiente de la raza (se da en todas ellas), lo cual hace pensar que la mutación es muy antigua. Las bases biológicas responsables de los sofocos y sudores nocturnos de las mujeres menopáusicas no son del todo conocidas y los avances en su conocimiento aportarán nuevas terapias para su tratamiento (quizás de tipo genético) en un futuro.