Enfermedades intestinales y disbiosis


Numerosos factores, como los cambios de hábitos alimenticios o los tratamientos antibióticos, influyen en el delicado equilibrio microbiano y provocan una disbiosis.

Disbiosis hace referencia a un desequilibrio en el número o tipo de colonias microbianas que han colonizado al hombre. Evaluar la relación entre la ingesta de alimentos ultraprocesados, los cambios producidos en la microbiota y el riesgo de enfermedades como el síndrome de intestino irritable, se presenta como un nuevo e interesante campo de estudio.

Alejandro Monzó – Unidad de Nutrición Neolife


También llamada disbacteriosis, la disbiosis puede afectar a la digestión, absorción de nutrientes, producción de vitaminas y control de microorganismos dañinos.

El término microbiota hace referencia al conjunto de los microorganismos (todas las bacterias, arqueas, eucariotas y virus) presentes en un entorno definido, como es el tracto intestinal. Los científicos definen el término microbioma al hábitat entero, incluidos los microorganismos, sus genes y las condiciones ambientales exteriores (1).

Las comunidades microbianas humanas endógenas participan en múltiples funciones metabólicas, fisiológicas e inmunológicas, de ahí que la alteración de la función y de la composición del microbioma pueda tener consecuencias significativas para la salud (2). Las principales contribuciones funcionales atribuidas al microbioma humano se presentan a continuación:

  • Mantenimiento de la función de barrera cutánea y mucosa.
  • Digestión de alimentos y nutrición.
  • Generación de energía y producción de vitaminas.
  • Regulación metabólica y control del almacenamiento de la grasa.
  • Procesamiento y desintoxicación de sustancias químicas ambientales.
  • Diferenciación y maduración de la mucosa del hospedador y de su sistema inmunitario.
  • Desarrollo y regulación de la inmunidad, contribuyendo a mantener el equilibrio entre procesos proinflamatorios y antiinflamatorios.
  • Prevención de la invasión y del crecimiento de microorganismos promotores de enfermedades.
  • Contribución al desarrollo y maduración del sistema nervioso.

El microbioma en el ser humano está definido, principalmente, por dos tipos de bacterias, Firmicutes y Bacteroidetes, este último supone el 90% del microbiota intestinal y, en menor medida, actinobacterias.

Nuevos estudios muestran que la disbiosis se ha asociado a una serie de trastornos gastrointestinales, como es el síndrome de intestino irritable (SII). Se ha demostrado diferencias importantes en la microbiota de los pacientes con SII en comparación con los controles sanos. Además, otras investigaciones identificaron una asociación entre SII y la sobrepoblación bacteriana por medio de pruebas de aliento (3).

La dieta es uno de los moduladores claves de la composición de la microbiota intestinal que influye directamente en la salud del huésped y los procesos biológicos, pero también a través de metabolitos derivados de la fermentación microbiana de nutrientes, en particular, los ácidos grasos de cadena corta (2,3). Así pues, un nuevo estudio publicado en la revista British Medical Journal señala que los alimentos ultraprocesados estarían relacionados con un mayor riesgo de enfermedad inflamatoria intestinal (4).

Entre los alimentos ultraprocesados, se encuentran los productos de bollería, las bebidas azucaradas y refrescos, los platos precocinados, los productos cárnicos y de pescados reconstituidos, snacks y todo tipo de aperitivos envasados, que suelen contener altos niveles de azúcar, sal, aditivos y grasas insanas. Muy densos en energía, pero insuficientes en nutrientes, puesto que carecen de vitaminas, minerales y fibra. La enfermedad inflamatoria intestinal es más frecuente en los países industrializados y los autores señalan que los factores dietéticos podrían estar relacionados. De igual modo, los componentes de la dieta y los alimentos pueden tener un gran impacto en la microbiota intestinal.

Dicho esto, una reciente revisión publicada en la revista Nutrients, analiza una nueva investigación sobre cómo ciertas dietas, así como los componentes y aditivos alimentarios, afectan la composición de la microbiota intestinal (figura 1) (5).

enfermedades intestinales y disbiosis

Los autores indican que una dieta diversa es mejor para la salud intestinal y promueve una composición equilibrada de la microbiota intestinal. Por un lado, una alta ingesta de proteínas animales, grasas saturadas, azúcares y sal podría estimular el crecimiento de bacterias patógenas en detrimento de las bacterias beneficiosas, lo que podría provocar alteraciones de la barrera intestinal. Por otro lado, el consumo de polisacáridos complejos y proteína vegetal podría estar asociado con un aumento de la cantidad de bacterias beneficiosas, estimulando la producción de ácidos grasos de cadena corta. Además, los polifenoles, los omega-3 y los micronutrientes parecen tener el potencial de conferir beneficios para la salud a través de la modulación de la microbiota intestinal (5).

Por todo ello, una dieta rica en fibra, frutas, verduras, hortalizas, promueve una composición saludable de la microbiota intestinal y del intestino. El patrón de dieta occidental, caracterizado por un alto contenido de alimentos ultraprocesados, puede provocar la disminución de las bacterias beneficiosas, lo que podría aumentar la permeabilidad intestinal y la inflamación. Los expertos coinciden en que el patrón de dieta mediterránea sigue siendo la solución para modular de manera óptima la diversidad y estabilidad de la microbiota, así como la permeabilidad y actividad regulares de las funciones inmunes de la persona.

La dieta mediterránea, centrada en frutas, verduras, aceite de oliva, nueces, legumbres, pescados y cereales integrales, se ha relacionado con una gran cantidad de beneficios para la salud, incluida la reducción del riesgo de mortalidad y la prevención de muchas enfermedades, como las cardiovasculares, la diabetes, el síndrome metabólico, el deterioro cognitivo y la depresión. Se basa en el consumo de ácidos grasos esenciales, polifenoles y otros antioxidantes, una alta ingesta de fibra prebiótica y carbohidratos de bajo índice glucémico, y un mayor consumo de proteínas vegetales que proteínas animales. Un patrón de alimentación que, en definitiva, con sus beneficios modula una microbiota intestinal saludable.

enfermedades intestinales y disbiosis

Finalmente, desde la revista Medicina Clínica, para prevenir y combatir la disbiosis, recomiendan las siguientes medidas (2):

  • Mantener una higiene oral regular para mantener un control de la micriobiota de la boca.
  • Mantenerse en un índice de masa corporal (IMC) adecuado, para evitar el síndrome metabólico, controlando el peso, la presión arterial, y haciendo ejercicio de forma regular.
  • Evitar grasas hidrogenadas y saturadas, priorizando los ácidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva) y poliinsaturados omega-3 (más que omega-6).
  • Evitar la administración indiscriminada e injustificada de antibióticos, así como la ingesta de carne de animales que hayan sido tratados con antibióticos o con hormonas.
  • Restringir en lo posible los productos de cosmética o los alimentos que contengan moléculas de dudosa eficacia o de toxicidad reconocida (disruptores endocrinos).

Finalmente, el equipo médico y nutricional de Neolife analiza cada uno de los factores de salud de la persona, donde el papel de la microbiota cobra especial interés por las últimas evidencias científicas respecto a su impacto y prevención de enfermedad. La elaboración de una dieta personalizada, después de los análisis de microbiota realizados en Neolife, con el fin de modular y restaurar una microbiota intestinal saludable, da resultados favorables de salud. Los avances futuros en el conocimiento de las interacciones entre los compuestos alimentarios y las bacterias intestinales, conducirán a una mejor comprensión de las interacciones tanto positivas como negativas con los hábitos alimentarios.


BIBLIOGRAFÍA

(1) Gut Microbiota for Health. (2021). “Gut microbiota info”. URL: https://www.gutmicrobiotaforhealth.com/about-gut-microbiota-info/

(2) Chimenos-Küstner, E. y otros. (2017). “Disbiosis como factor determinante de enfermedad oral y sistémica: importancia del microbioma”. Clin. Vol. 149(7): 305-309. URL: https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-clinica-2-articulo-disbiosis-como-factor-determinante-enfermedad-S0025775317304414

(3) Icaza-Chávez, M.E. (2013). “Microbiota intestinal en la salud y la enfermedad”. Revista de Gastroenterología de México. Vol. 78(4): 240-248. URL: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0375090613001468

(4) Narula, N. y otros. (2021). “Association of ultra-processed Food intake with risk of inflammatory bowel disease: prospective cohort study”. BMJ; 374: n1554. URL: https://www.bmj.com/content/374/bmj.n1554

(5) Rinninella, E. y otros. (2019). “Food components and dietary habits: keys for a healthy gut microbiota composition”. Nutrients. Vol. 11(10): 2393. URL: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6835969/


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