Cáncer de mama e insulina


El incremento de la adiposidad después de la menopausia se ha asociado con un aumento del cáncer de mama. Realmente, una de las claves estaría en el hiperinsulinismo.

La diabetes/insulinorresistencia y el cáncer de mama son patologías bien diferenciadas pero la ruta de la insulina tiene un papel central y común en ambas. A través de la identificación de esta alteración metabólica podremos actuar utilizando nuestras mejores armas: la dieta, el ejercicio y la metformina.

Dra. Celia Gonzalo Gleyzes – Equipo Médico Neolife


Conociendo la insulina.

La insulina es una hormona peptídica producida por las células beta del páncreas ante el aumento de la glucosa plasmática (en sangre).

Esta hormona estimula la captación de glucosa por el músculo y el tejido adiposo. En el hígado, la insulina inhibe la gluconeogénesis (formación de glucosa) y la liberación de glucosa.

cancer de mama e insulina

Niveles elevados de glucosa hacen que el hígado y los músculos almacenen el exceso de glucosa.

En los adipocitos, la insulina promueve el transporte de los ácidos grasos del torrente sanguíneo, su almacenaje (lipogénesis) e inhibe la lipolisis. Resumiendo, la insulina facilita el almacenamiento de energía para que ésta pueda ser movilizada cuando los niveles de insulina estén bajos (ayuno).

Aparte de los órganos citados, la insulina ejercerá también acciones sobre las neuronas, las células endoteliales (células que revisten los vasos) y las células inmunitarias.

Para no perdernos en los conceptos, vamos a repasar brevemente la ruta de la insulina.

La insulina se une al receptor de insulina y activa vías de señalización celular que son reguladores clave de la homeostasis celular. Estas vías de señalización están alteradas en la mayoría de los cánceres biológicamente agresivos.

En circunstancias ricas en nutrientes, la insulina se libera y se une al receptor de insulina. La unión de insulina promueve la fosforilación de tirosina del receptor de insulina y del sustrato del receptor de insulina (IRS). El IRS a su vez fosforila el fosfatidil inositol-3-quinasa (PI3K) y activa la señalización de la vía AKT/mTOR.

La insulina también activa la señalización de insulina/IGF-1. La IGF-1 se une a su receptor conduciendo a cascadas de fosforilación que activan la vía PI3K/AKT/mTOR y la  ras/RAF/mitogen activated protein kinase (MAPK).

Resistencia a la insulina.

La sobrealimentación altera el equilibrio entre el almacenamiento de energía y el consumo de ésta, llevando al individuo a una prediabetes (resistencia a la insulina) y posteriormente a una diabetes mellitus tipo 2. Mantener elevados niveles de insulina por esa sobre ingesta produce una desensibilización a nivel del músculo esquelético. El páncreas es forzado a producir insulina de forma continua y a la larga esas células beta morirán (fase en la que la persona con diabetes mellitus tipo 2 va a requerir insulina).

El hiperinsulinismo en el hígado provoca dislipemia (aumento de colesterol LDL y triglicéridos) y favorece el desarrollo del hígado graso (esteatosis hepática).

En el cerebro el incremento de insulina sostenido estimula el apetito favoreciendo el aumento de peso. En el músculo esquelético, el hiperinsulinismo y la resistencia a la insulina hacen que el músculo no pueda aprovechar la glucosa, de esta manera la persona afectada tendrá menos tolerancia al ejercicio físico refiriendo además cansancio.

En el tejido adiposo, el hiperinsulinismo incrementa la acumulación de lípidos y causa inflamación.

En los vasos sanguíneos y en el riñón, la insulina promueve el daño de las células endoteliales y la disfunción renal debido al aumento de la síntesis del óxido nítrico, de especies reactivas del oxígeno y al descenso de la adhesión celular.

Insulina y cáncer.

A continuación, citaremos los mecanismos que relacionan el hiperinsulinismo y la tumorigénesis:

  • Glicolisis: la vía de señalización PI3K/AKT/mTor regula el metabolismo de la glucosa y de la glicolisis aeróbica. Los cánceres agresivos son dependientes de glucosa y producen gran parte de su energía a través de la glicolisis aeróbica (Warburg effect) y no mediante el ciclo de Krebs (fosforilación oxidativa mitocondrial).
  • Estrés oxidativo: las especias reactivas del oxígeno (ROS) están aumentadas. Éstas pueden dañar el ADN, iniciar el cáncer o favorecer su progresión.
  • Movilidad celular: por activación de las vías MAPK y PI3K/AKT. Se produce la modulación de proteínas del citoesqueleto, incluyendo la vimentina y la actina.
  • Transición epitelio-mesénquima (EMT).
  • Inflamación: por aumento de citoquinas inflamatorias, que, entre otros efectos, pueden favorecer la formación de nuevos vasos (angiogénesis). Además, la activación de los macrófagos M2 hace que secreten el factor de crecimiento epitelial (EGF) y el factor de crecimiento tumoral beta (TGFbeta), ambos implicados en la invasión, las metástasis y el recambio celular. La activación de esas vías se relaciona con mal pronóstico en el cáncer de mama triple negativo.
  • Angiogénesis: la insulina activa vías que aumentan la producción de factores de crecimiento vascular.

Prevención y tratamiento de la insulinorresistencia, metformina tomarás.

La metformina es un fármaco oral hipoglucemiante ampliamente prescrito. Es el tratamiento de primera línea en la diabetes tipo 2 y su uso también está aprobado en el tratamiento del ovario poliquístico y de la diabetes gestacional. La metformina se tolera bastante bien, aunque a algunas personas les puede ocasionar diarrea, náuseas y dolor epigástrico.

Este fármaco inhibe la producción hepática de glucosa, aumenta la sensibilidad a la insulina y disminuye la absorción intestinal de glucosa, todo ello favoreciendo el descenso de la insulina circulante. Su potencial anticáncer se explicaría justamente por eso.

Es imprescindible que, ante la detección de resistencia a la insulina, de hiperinsulinismo en ayunas, de prediabetes o de diabetes mellitus tipo 2 empecemos a actuar mediante el control dietético, la restricción calórica, la actividad física y si fuese necesario la utilización de metformina.

El artículo citado se centraba en el cáncer de mama, pero estos mecanismos también estarían implicados en otros tipos de cáncer. Los oncólogos deben vigilar esta alteración metabólica de cerca ya que podrían prevenir la aparición de cánceres, mejorar la evolución de los pacientes y evitar las recurrencias (1).


BIBLIOGRAFÍA

(1) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7045050/ Yee, Lisa D et al. “Metabolic Health, Insulin, and Breast Cancer: Why Oncologists Should Care About Insulin.” Frontiers in endocrinology 11 58. 20 Feb. 2020, doi:10.3389/fendo.2020.00058