SOMP

El síndrome de ovario poliquístico cambia de nombre: por fin nace el síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP)


El pasado mes de mayo, la revista The Lancet publicó el resultado de un proceso de consenso internacional sin precedentes: el síndrome de ovario poliquístico (SOP) deja de llamarse así para pasar a denominarse síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP). El cambio, liderado por la Universidad de Monash y respaldado por la Organización Mundial de la Salud, no es un simple maquillaje terminológico, sino el resultado de catorce años de trabajo científico.

Detrás de la nueva denominación hay encuestas globales iterativas, métodos Delphi modificados y la participación de más de 14.000 personas (pacientes y profesionales sanitarios) procedentes de todas las regiones del mundo. El objetivo: encontrar un nombre que refleje con precisión lo que realmente ocurre en el organismo de quienes viven con esta condición.

Dr. Carlos Martí – Equipo Médico Neolife


Una nueva denominación para reflejar mejor la realidad clínica

Durante décadas, el término “poliquístico” centró la atención (y el diagnóstico) en una imagen ecográfica concreta: la presencia de múltiples folículos en el ovario. Pero esos folículos no son quistes patológicos, sino estructuras inmaduras que no completaron su desarrollo, y muchas pacientes con la condición ni siquiera presentan esa morfología ovárica.

Ese desajuste entre el nombre y la realidad clínica tenía consecuencias: diagnósticos tardíos, atención fragmentada y un estigma que aún hoy acompaña a la palabra “poliquístico”. El nuevo nombre busca poner freno a esa confusión y reconocer, desde la propia denominación, que se trata de un trastorno multisistémico: hormonal, metabólico y reproductivo a la vez.

La magnitud del problema lo justifica. Según la OMS, el SOMP afecta a una de cada ocho mujeres en edad reproductiva en todo el mundo, y se estima que hasta el 70 % de los casos permanece sin diagnosticar. La transición del nombre se implementará de forma gradual durante los próximos tres años, actualizando guías clínicas, clasificaciones diagnósticas y materiales para pacientes.

De SOP a SOMP: anatomía de un consenso global

El proceso, publicado el 12 de mayo de 2026 y liderado por la profesora Helena Teede junto al Global Name Change Consortium, implicó a 56 organizaciones académicas, clínicas y de pacientes. No se trataba de elegir un nombre nuevo por consenso de unos pocos expertos, sino de construirlo a partir de la evidencia científica y de la experiencia real de quienes conviven con la condición.

El nuevo nombre se presentó oficialmente durante el Congreso Europeo de Endocrinología, en Praga, y se publicó simultáneamente en The Lancet. Según sus autores, la prioridad fue encontrar un término preciso, aunque eso significara abandonar definitivamente las siglas SOP que durante décadas identificaron a la enfermedad.

Los tres pilares del nuevo nombre

El término síndrome ovárico metabólico poliendocrino condensa tres ideas clave. “Poliendocrino” reconoce que no es solo el ovario el que está alterado, sino distintos sistemas hormonales (andrógenos, insulina y, en algunos casos, también la función tiroidea). “Metabólico” sitúa la resistencia a la insulina y el riesgo cardiovascular en el centro del diagnóstico, no como una complicación secundaria. Y “ovárico” mantiene el origen reproductivo de la condición, pero sin la referencia errónea a los quistes.

Esta forma de nombrarlo no es solo más exacta: también orienta mejor el tratamiento. Un trastorno que afecta a la vez al metabolismo, a varias glándulas y al sistema reproductivo difícilmente puede abordarse desde una sola especialidad.

Qué es y cómo se diagnostica el SOMP

Más allá del nombre, el SOMP sigue diagnosticándose con los criterios clínicos ya conocidos, adaptados de Rotterdam: deben cumplirse al menos dos de tres condiciones: alteraciones de la ovulación (ciclos irregulares o ausencia de ovulación), exceso de andrógenos —ya sea clínico (acné, vello excesivo, caída de cabello) o detectado en un análisis—, y una morfología ovárica característica en la ecografía o una hormona antimülleriana elevada. En adolescentes, los criterios se aplican con más cautela y solo se exigen los dos primeros.

Esta combinación de criterios da lugar a distintos fenotipos: no todas las pacientes con SOMP tienen el mismo perfil. Hay mujeres con hiperandrogenismo y ciclos irregulares que además muestran la morfología poliquística en el ovario, otras con el mismo cuadro hormonal pero sin esa imagen ecográfica, y otras que ovulan con normalidad pero presentan exceso de andrógenos y múltiples folículos. Esa variabilidad es precisamente la que el nuevo nombre intenta capturar mejor que el anterior.

La resistencia a la insulina, aunque extremadamente frecuente en el SOMP, no forma parte de los criterios diagnósticos formales. Sin embargo, condiciona buena parte del pronóstico y del tratamiento, lo que explica que el componente “metabólico” ocupe ahora un lugar central en el propio nombre de la enfermedad.

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Por qué la precisión del nombre también es salud

Las pacientes con SOMP conviven con manifestaciones muy distintas entre sí: ciclos irregulares, dificultad para conseguir un embarazo, acné persistente, exceso de vello o caída de cabello, pero también un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular. El nombre anterior, centrado en el ovario, dejaba en segundo plano estas implicaciones metabólicas, que en muchos casos son las que más impactan en la salud a largo plazo.

Nombrar correctamente una enfermedad no es un gesto simbólico. Cuando el nombre refleja la complejidad real de una condición, mejora el reconocimiento clínico, agiliza el diagnóstico y facilita que distintas especialidades trabajen de forma coordinada en torno a la misma paciente.

El componente cardiovascular: por qué no es un detalle menor

El riesgo cardiovascular no es un efecto secundario menor del SOMP, sino una de las razones de fondo por las que el nombre ha cambiado. La resistencia a la insulina está presente en aproximadamente el 85 % de las personas con esta condición y actúa como uno de los motores centrales del cuadro: la hiperinsulinemia compensatoria estimula la producción ovárica y suprarrenal de andrógenos, reduce la proteína transportadora de hormonas sexuales (SHBG) y, con ello, aumenta la testosterona libre circulante.

Ese mismo desequilibrio favorece la acumulación de grasa visceral y hepática, un estado proinflamatorio de bajo grado y disfunción del endotelio vascular, ingredientes que, sostenidos en el tiempo, derivan en hipertensión arterial, dislipemia y aterosclerosis prematura. El riesgo de diabetes tipo 2 y de diabetes gestacional también aumenta de forma proporcional al peso corporal.

Por este motivo, las guías actuales recomiendan que toda mujer con un diagnóstico reciente de SOMP se someta a una valoración metabólica que incluya un perfil lipídico y una prueba de tolerancia oral a la glucosa, independientemente de su edad o de su índice de masa corporal. Detectar precozmente estas alteraciones permite actuar antes de que se traduzcan en enfermedad cardiovascular establecida, en la línea del enfoque preventivo que en New Reliance aplicamos también frente a otros factores de riesgo cardiometabólico.

Cómo se trata el SOMP

El tratamiento del SOMP nunca ha sido una solución única, y eso no cambia con el nuevo nombre: sigue siendo un abordaje personalizado, que depende de los síntomas predominantes en cada paciente, de si existe o no deseo de embarazo, y del grado de afectación metabólica.

El primer escalón, en la mayoría de los casos, son las intervenciones sobre el estilo de vida: una alimentación que favorezca la sensibilidad a la insulina, actividad física regular y, cuando es necesario, una pérdida de peso moderada. Estos cambios, por sí solos, pueden mejorar la regularidad del ciclo, reducir el hiperandrogenismo y disminuir el riesgo cardiometabólico a largo plazo.

Cuando el componente metabólico es relevante, se recurre a fármacos sensibilizadores a la insulina, como la metformina. Para regular el ciclo y controlar el acné o el exceso de vello se utilizan anticonceptivos hormonales combinados o antiandrógenos, entre los que la espironolactona sigue siendo el más empleado por su efecto sobre el hirsutismo y el acné, aunque debe evitarse si existe deseo de embarazo por su potencial teratógeno. Y cuando la paciente busca un embarazo, existen opciones específicas de inducción de la ovulación, como letrozol o citrato de clomifeno, y, si no son suficientes, técnicas de reproducción asistida como la fecundación in vitro.

El SOMP no implica necesariamente infertilidad: muchas mujeres con esta condición consiguen embarazos espontáneos o asistidos. La clave está en un seguimiento que combine ginecología, endocrinología y nutrición, y que incorpore apoyo psicológico cuando es necesario, dado el impacto emocional que puede tener convivir con una condición crónica.

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Qué cambia (y qué no) para las pacientes

Los síntomas no cambian: una mujer con SOMP presenta exactamente las mismas manifestaciones que antes se asociaban al SOP. Lo que cambia es la forma de entenderlas e integrarlas en un único cuadro clínico, y la forma en que los profesionales sanitarios se comunican y coordinan la atención.

La transición será progresiva. Durante los próximos tres años se actualizarán guías clínicas, sistemas de clasificación, historiales médicos y materiales informativos para pacientes y profesionales. El objetivo de los promotores del consenso no es transformar de la noche a la mañana la práctica clínica, sino que ésta evolucione de forma ordenada hacia el nuevo marco diagnóstico.

El enfoque de Neolife

En Neolife llevamos tiempo abordando los trastornos hormonales femeninos desde una mirada integral, combinando endocrinología, ginecología y nutrición para no perder de vista lo que ocurre más allá del ovario. Este cambio de nombre confirma algo que ya forma parte de nuestra práctica clínica: valorar de forma conjunta el perfil hormonal, metabólico y reproductivo de cada paciente, en lugar de tratar cada síntoma por separado.

Porque ponerle el nombre correcto a una enfermedad es, muchas veces, el primer paso para tratarla mejor.


BIBLIOGRAFÍA

(1) Teede HJ, Bahri Khomami M, Morman R, et al; Global Name Change Consortium. Polyendocrine metabolic ovarian syndrome, the new name for polycystic ovary syndrome: a multistep global consensus process. Lancet. 2026 Jun 6;407(10545):2329-2339. doi: 10.1016/S0140-6736(26)00717-8. Epub 2026 May 12.

(2) Teede HJ, Moran LJ, Morman R, et al. Polycystic ovary syndrome perspectives from patients and health professionals on clinical features, current name, and renaming: a longitudinal international online survey. EClinicalMedicine. 2025;84:103287.


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