En los últimos años estamos empezando a mirar la salud desde otro ángulo. Durante mucho tiempo, el objetivo ha sido claro: evitar la enfermedad y alargar la vida. Pero ese enfoque se queda corto cuando intentamos entender qué ocurre realmente en el cuerpo con el paso de los años.
Porque la realidad es más matizada. Una persona puede no tener ningún diagnóstico y, aun así, haber empezado ya a perder parte de su capacidad física, metabólica o cognitiva. No es algo brusco ni evidente, sino un proceso progresivo que suele pasar desapercibido durante años.
Dr. Carlos Martí – Equipo Médico Neolife
No es solo estar sano, es saber cómo está funcionando tu cuerpo
Cuando pensamos en salud, lo habitual es reducirla a la ausencia de enfermedad. Sin embargo, esta forma de entenderla no refleja cómo evoluciona realmente el organismo con el paso del tiempo.
Cada sistema del cuerpo tiene un punto de máximo rendimiento que suele alcanzarse en etapas relativamente tempranas de la vida adulta. A partir de ahí, comienza una pérdida progresiva de capacidad que no siempre se percibe de forma evidente. No es un cambio brusco, sino un descenso gradual que afecta a distintos niveles: desde la capacidad física o la función metabólica hasta el rendimiento cognitivo o la respuesta inmune.
En este contexto, se ha propuesto el concepto de Peakspan, que describe el periodo en el que el organismo se mantiene cerca de su máximo potencial funcional, habitualmente dentro de un rango próximo a ese pico. No se trata de cuánto tiempo estamos libres de enfermedad, sino de cuánto tiempo somos capaces de mantener un nivel de funcionamiento alto.
Lo relevante es que este periodo es mucho más corto de lo que intuitivamente pensamos. Aunque la esperanza de vida ha aumentado de forma significativa, la mayoría de funciones empiezan a alejarse de su punto óptimo décadas antes de que aparezcan enfermedades o limitaciones clínicas evidentes.

El descenso silencioso: cuando empieza realmente el cambio
Una de las ideas más relevantes es que la pérdida de capacidad no coincide con la aparición de enfermedad. Entre ambos momentos existe un periodo amplio en el que el organismo sigue siendo clínicamente “sano”, pero ya funciona por debajo de su nivel óptimo.
Este descenso comienza antes de lo que solemos pensar. Muchas funciones alcanzan su punto máximo en la tercera década de la vida y, desde entonces, inician una caída progresiva. No es algo que se perciba de forma clara al principio, pero se manifiesta con cambios sutiles: menor resistencia, peor recuperación tras el esfuerzo, más dificultad para adaptarse al estrés o infecciones más frecuentes.
Este escenario da lugar a lo que se ha descrito como un estado de “sano pero con menor rendimiento”, en el que no existe patología diagnosticable, pero sí una distancia creciente respecto al máximo potencial funcional.
La consecuencia es que dos personas con resultados analíticos similares pueden encontrarse en momentos muy distintos de ese proceso. Una puede mantener todavía un nivel de funcionamiento cercano a su punto máximo, mientras que otra ya se ha alejado de él de forma significativa, aunque ambas sean consideradas clínicamente sanas.
Entender este descenso como parte del proceso permite anticiparse. No se trata de esperar a que aparezcan alteraciones, sino de identificar cuándo empieza a perderse capacidad y cómo evoluciona en cada caso.
Cuándo empieza realmente a cambiar el organismo
Cuando se analizan las distintas funciones del organismo por separado, como se describe en el análisis reciente sobre Peakspan, el patrón es claro: no existe un único inicio del envejecimiento, sino múltiples trayectorias que comienzan antes de lo que solemos percibir.

En el ámbito cognitivo, las capacidades relacionadas con la rapidez de procesamiento o la memoria de trabajo alcanzan su máximo entre los 20 y 30 años y, desde entonces, comienzan a descender, mientras que otras habilidades más ligadas a la experiencia se mantienen durante más tiempo.
A nivel cardiorrespiratorio, la capacidad aeróbica y la función pulmonar alcanzan su punto óptimo en la segunda o tercera década, con una caída progresiva posterior. En paralelo, la fuerza y la masa muscular llegan a su máximo entre los 20 y 35 años, con una fase de estabilidad antes de iniciar un descenso más evidente.
Otros sistemas muestran cambios igualmente precoces. La función renal empieza a disminuir ya en la tercera década, el sistema endocrino presenta descensos progresivos hormonales desde la adultez media, y el sistema inmune reduce su capacidad de respuesta desde etapas tempranas de la vida adulta.
También los sistemas sensorial y digestivo siguen esta lógica, con alteraciones que aparecen antes de lo esperado, como el deterioro auditivo en altas frecuencias o cambios en la motilidad y función hepática a partir de la mediana edad.
En conjunto, el envejecimiento funcional es un proceso temprano y no uniforme, en el que distintos sistemas se alejan de su punto óptimo mucho antes de que aparezcan enfermedades o limitaciones evidentes.

Mantener la capacidad el mayor tiempo posible
Este cambio de enfoque obliga a redefinir qué entendemos por prevención. No se trata únicamente de evitar la aparición de enfermedad, sino de intervenir sobre la trayectoria funcional antes de que el descenso se consolide.
El interés del concepto de Peakspan no está solo en describir el problema, sino en señalar el punto donde existe mayor margen de actuación: el momento en el que la función empieza a alejarse del rango cercano al máximo. Actuar en esa fase permite modificar la pendiente del deterioro y prolongar el tiempo en el que los distintos sistemas se mantienen en niveles de alto rendimiento.
Este enfoque requiere una valoración más precisa, centrada no solo en parámetros aislados, sino en la integración de datos funcionales, metabólicos y estructurales que permitan entender en qué punto se encuentra cada paciente. La combinación de biomarcadores, pruebas funcionales y evaluación del estilo de vida permite construir una visión más completa de esa trayectoria.
En Neolife, este modelo forma parte de la práctica clínica. La evaluación se orienta a identificar de forma precoz qué sistemas han comenzado a perder eficiencia y a intervenir de manera dirigida sobre los mecanismos implicados. Esto incluye el trabajo sobre la capacidad cardiorrespiratoria, la masa muscular, el equilibrio metabólico, la función hormonal o la calidad del descanso, todos ellos determinantes en la evolución de la capacidad funcional.
El objetivo no es únicamente retrasar la aparición de enfermedad, sino sostener el máximo nivel de funcionamiento durante más tiempo. Ese es el verdadero cambio de enfoque en la medicina de la longevidad.
BIBLIOGRAFÍA
(1) Zhavoronkov A, Ying K, Wilczok D. Peakspan: Defining, Quantifying and Extending the Boundaries of Peak Productive Lifespan. Aging Dis. 2026 Feb 25. doi: 10.14336/AD.2026.0080. Epub ahead of print. PMID: 41747171.
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