Una primera maratón, una aorta más joven: lo que demostró un grupo de corredores populares en Londres


Uno de los estudios más comentados de la cardiología preventiva reciente, con corredores novatos del maratón de Londres, analizó cómo seis meses de entrenamiento afectaban a la salud de la aorta.

El estudio, publicado en el Journal of the American Colleege of Cardiology y financiado por la British Heart Foundation, con 138 corredores mostró que preparar un maratón redujo la rigidez aórtica y la presión arterial central. Los participantes lograron un rejuvenecimiento arterial equivalente a unos cuatro años, con mayores beneficios en quienes partían de peor condición física.

Dr. Carlos Martí – Equipo Médico Neolife


La aorta, el amortiguador olvidado del sistema circulatorio

Cuando se habla de salud cardiovascular, la atención suele recaer en el corazón o en arterias concretas, como las coronarias. La aorta queda en un segundo plano, a pesar de ser la arteria de mayor calibre del organismo y la encargada de una función poco conocida pero esencial: amortiguar el impulso de cada latido. En una persona joven, su pared es elástica gracias a las fibras de elastina que la componen, y se expande y se recoge con cada contracción del corazón, transformando un flujo a sacudidas en uno mucho más uniforme antes de que llegue al resto del cuerpo.

Con la edad, esa elastina se degrada y es sustituida progresivamente por colágeno, una proteína mucho más rígida. La aorta pierde capacidad de amortiguación, la presión de cada latido llega con más fuerza al cerebro, al corazón y a los riñones, y ese desgaste mecánico continuado está detrás de buena parte del aumento del riesgo de hipertensión, ictus e insuficiencia cardíaca asociado al envejecimiento, incluso en ausencia de otros factores de riesgo identificables.

El dato que más sorprendió: a peor forma física de partida, mayor el beneficio

Cuando se analizaron los resultados por subgrupos, apareció un patrón que invierte la intuición habitual sobre el ejercicio y la edad: el rejuvenecimiento vascular no fue mayor en los corredores más jóvenes ni en los más rápidos, sino en los de más edad y con peores marcas. Cuanto más rígida estaba la aorta al inicio del estudio, mayor fue la mejora observada tras los seis meses de entrenamiento.

La interpretación de los autores fue clara y, para cualquier persona sedentaria que se plantee empezar a hacer ejercicio pasados los 50 o 60 años, bastante esperanzadora: el sistema cardiovascular conserva capacidad de adaptación durante buena parte de la vida adulta, y no hace falta haber sido deportista para beneficiarse. El margen de mejora, de hecho, suele ser mayor precisamente en quienes parten de una situación menos favorable.

Cómo se mide hoy la edad vascular: del laboratorio de investigación a la consulta

En el estudio original, la rigidez aórtica se midió mediante resonancia magnética cardiovascular, una técnica con gran precisión pero que, por su coste y disponibilidad, queda limitada en la práctica a proyectos de investigación. Para trasladar este mismo concepto a la consulta, la herramienta de referencia es la velocidad de onda de pulso (pulse wave velocity, PWV): la rapidez con la que la onda de presión generada por cada latido se propaga a través de las arterias. Una pared más rígida transmite esa onda más deprisa, de modo que una PWV elevada funciona como un predictor de riesgo cardiovascular independiente de otros factores clásicos.

Dispositivos como el SphygmoCor permiten obtener esta medición de forma no invasiva, mediante un manguito de presión en el brazo o sensores de tonometría en las arterias radial y femoral, reconstruyendo así la onda de presión aórtica central sin necesidad de ningún procedimiento invasivo. Esto convierte algo que antes solo se podía estimar de forma indirecta en un dato objetivo y reproducible: una auténtica fotografía de la edad biológica del sistema arterial, útil tanto para detectar un envejecimiento vascular acelerado como para comprobar si una intervención, como un programa de entrenamiento, está funcionando.

Qué hace el ejercicio de resistencia que un fármaco no puede replicar del todo

El mecanismo detrás de esta mejora no es un único factor, sino la suma de varios. El ejercicio de resistencia mantenido aumenta el estrés de cizalla sobre el endotelio, la capa interna de los vasos sanguíneos, lo que estimula la producción de óxido nítrico, una molécula central en la capacidad de relajación y elasticidad de las arterias. A esto se añaden efectos ya bien documentados del ejercicio aeróbico: descenso de la presión arterial, mejora del perfil lipídico, reducción de la inflamación de bajo grado y mayor sensibilidad a la insulina.

Lo que aportó este estudio no fue descubrir que el ejercicio mejora la salud vascular, algo conocido desde hace tiempo en programas de entrenamiento supervisado en laboratorio, sino demostrar que ese mismo beneficio se obtiene con un entrenamiento real, sin supervisión clínica y a una intensidad moderada, el tipo de plan que sigue cualquier persona que decide correr su primera maratón.

De la evidencia a la práctica: qué significa esto para alguien que parte de cero

Trasladado a un plan realista, el patrón de entrenamiento que siguieron los participantes del estudio no exige convertirse en corredor de fondo: progresión gradual del volumen a lo largo de varios meses, entre tres y cinco sesiones semanales combinando carrera continua suave con algo de trabajo más exigente, y constancia mantenida en el tiempo. El beneficio descrito se obtuvo con seis meses de preparación, no con esfuerzos puntuales ni con sesiones aisladas de alta intensidad.

En personas sedentarias, con factores de riesgo cardiovascular previos o por encima de los 45-50 años, es recomendable partir de una valoración médica que incluya un cribado cardiovascular básico antes de iniciar un programa de este tipo. Conocer la edad vascular real del paciente en ese punto de partida, y no solo su tensión arterial puntual en consulta, aporta una información mucho más completa y permite, además, objetivar la evolución a medida que avanza el entrenamiento.

rigidez arterial

Como siempre, el enfoque de Neolife

Este estudio ilustra bien una idea central en medicina preventiva y de la longevidad: la edad biológica no siempre coincide con la edad que figura en el DNI, y buena parte de esa diferencia depende de factores modificables. En los chequeos preventivos de Neolife incluimos la valoración de biomarcadores cardiovasculares, entre ellos indicadores de rigidez arterial, precisamente para entender el punto de partida real de cada paciente más allá de una cifra de tensión arterial tomada en un momento puntual.

A partir de esa valoración diseñamos programas de seguimiento personalizados que combinan prescripción de ejercicio, nutrición e intervención médica cuando es necesaria, con el objetivo de actuar sobre los factores de envejecimiento vascular que sí se pueden modificar. El estudio de Bhuva y Manisty deja un mensaje sencillo de aplicar: a veces, el camino hacia una aorta más joven empieza por proponerse una primera meta, por lejana que parezca al principio.


BIBLIOGRAFÍA

(1) Bhuva AN, D’Silva A, Torlasco C, Jones S, Nadarajan N, Van Zalen J, et al. Training for a First-Time Marathon Reverses Age-Related Aortic Stiffening. J Am Coll Cardiol. 2020;75(1):60-71. doi: 10.1016/j.jacc.2019.10.045.

(2) University College London Hospitals Biomedical Research Centre. Training for first-time marathon “reverses” ageing of blood vessels. Comunicado de prensa, mayo de 2019.

(3) Townsend RR, Wilkinson IB, Schiffrin EL, et al. Recommendations for Improving and Standardizing Vascular Research on Arterial Stiffness: A Scientific Statement From the American Heart Association. Hypertension. 2015;66(3):698-722.

(4) Butlin M, Qasem A. Large Artery Stiffness Assessment Using SphygmoCor Technology. Pulse (Basel). 2017;4(4):180-192.


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